Del Acto Hostil y su Justificación

A veces los adultos nos llevamos las manos a la cabeza cuando los niños realizan comportamientos hostiles. Y más nos sorprendemos cuando ante una verdad manifiesta los niños callan, miran para otro lado, se esconden….o se justifican. Es fácil observar a los niños.

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Pero…¿ y los adultos?

Los “adultos” siguen siendo los mismos niños, actúan en muchísimas ocasiones exactamente igual. Simplemente tienen más ideas mentales aprendidas: la “educación” y “las buenas maneras” actúan como una máscara de cara al exterior. Todo en pos de una aceptación social, pero su mente y los mecanismos de la misma no han cambiado.

Muchas veces hemos dicho o hecho cosas que no estaban bien sobre determinadas personas. Y aunque las causas pueden ser variadas, lo más importante es que SABEMOS internamente que hemos hecho algo que no está bien.

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Cuando un “adulto” comete un acto hostil, no sólo pasa por la tentativa de engañar o mentir a la otra persona…sino también por el propio auto-engaño y por su propia auto-justificación MENTAL.

En vez de responsabilizarnos con nosotros mismos y con el otro (llamando a la persona, rectificando o reparando el error etc…) básicamente nos AUTO-ENGAÑAMOS. ¿Y cómo lo hacemos?

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Justificando nuestros actos recalcando los defectos de la otra persona. Así nos sentimos mejor. Lo que he hecho no es tan “malo” porque la otra persona tampoco es que sea un “ángel”.Le quitamos importancia a mi acto hostil si sacamos los defectos y trapos sucios del otro. Así me siento mejor. Calmamos nuestra conciencia y punto. Es un alivio saber que aunque mi acto no fue correcto…por lo menos el otro tipo tampoco es que fuera un santo.

Es en este preciso instante cuando dejamos de observarnos a nosotros mismos…para trasladar la carga hacia el otro.

Pueden ser segundos, pueden ser minutos…Es como que nuestra “mente reactiva” hace un “click” ocultando cualquier resquicio de conciencia y en vez de recapacitar y hacer las cosas bien, terminamos justificando nuestros actos o hechos ante los demás.

Recapacitar y rectificar para hacer las cosas bien conlleva simplemente una cosa: Responsabilidad. Cuando las personas hablan de responsabilidad parece ser que su mente la asocia al trabajo, a su jefe, a terceros…y está bien. Pero se olvidan de lo más importante: La Responsabilidad con uno mismo.

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( En la política muy pocas veces se asumen responsabilidades reales. Es mejor contraatacar que hacer evaluación interna. Repetir cientos de veces el mismo discurso, al final no sólo te hace un vendedor de humo. Tanta repetición hacia el exterior conlleva una asimilación continua de lo que el individuo dice. Es una justificación constante, la persona puede acabar creyendo-se gran parte de su discurso. Te vuelve cínico)

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A veces, después de realizar un acto hostil sobre otra persona, si esta última está dentro de los cánones de las “buenas personas”…entonces nuestra mente en vez de buscar los defectos en la misma, hará justamente lo contrario: Lo que se haría sería agraciarla para sentirse mejor, para compensar su actitud. Como ejemplo “clásico” estaría aquel en que el marido/mujer ha sido infiel su pareja, y acto seguido para sentirse bien él/ella le regala un ramo de rosas, o le compra cualquier regalo quedando la otra persona alegre y contenta. La persona que ha cometido el acto hostil ya no se siente tan mal consigo misma. Ha “compensado” su actitud. Digamos que ésto le permitiría dormir mejor por las noches… Si bien, al fin y al cabo todo gira en torno a la justificación, al auto-engaño y al estar bien con uno mismo sin importar realmente la otra parte de la relación.

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Piénsenlo bien. A veces nos comportamos como máquinas: Queremos, pedimos, nos quejamos, hacemos actos hostiles y los justificamos.

No se trata de flagelarnos, sino de tener cada vez más consciencia. No somos máquinas ni nos gusta que nos manejen como tales. Pero para ello es necesario hacer más conscientes nuestros actos y pensamientos subconscientes. Más consciencia de ser.

Luis Sanmartin Mira.

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